martes, 11 de marzo de 2008

La poesía

A Miguel Hernandez y Federico garcía Lorca


¡Ay de mí, que a la poesía no entiendo!
Quizás manceba sea, de corazones abrumados;
quizás hospicio sea de plebeyos inadaptados;
pero siempre elegíacas lluvias
de los ojos cayendo.

Rosas plegadas entre nubes marchitas,
despliegan sus pétalos de estrella en luna,
y encienden mi luz,... avivan mi pluma,
¿Pero quien eres tu, que a mi corazón
tanto excitas?

Hoy rezo a tu palabra cabalgadora
de raíces tardías y brotes mezquinos;
de goteras caídas en descalzados caminos.
Palabra que a ojos canta, pero
que a sangre llora.

Entre el amor y el dolor se formó tu ateneo:
antes tálamo de sus colores, hoy frágil y medroso,
por sus frustrados volares sobre tanto foso...
¡Ay de mí por no ver lo que
por mis ojos no veo!

Libre tu alfombra de cual limpio linaje,
vuela, y vuela sola, sobre sombras y grises.
Cruz de los puñales en esqueje,
y las tormentas de sí felices...
¡Tú y el viento,
llevadme en vuestro eterno viaje!

¡Ay de mí que poesía no conozco!
Quizas fuego sea, que a mi lecho aprieta,
y abrasa dulce sus diagonales y rectas.
Quizás mundo sea, luz,
ó de todo un poco.

Pero a buen seguro, una noche llegarás (latente)
Y con tu perfume cantor, esquivando veleidades,
arribarás a mi puerto sucio de lunares.
¡Primada veladura,
correctora de los vivientes!

Entonces serás tú mi celeste bandera.
Te ondearé alta, de mi palabra izada,
y dotaré a las estrellas de nubes grises y rizadas,
cada vez que el llanto asome,
o anuncie era.

Aún soy grano perdido, lejos de tu duna.
Vientos espero que aviven mi lento viaje
hacia tu florido pecho, tu vibrátil paraje.
Lejos del mar,
mecerme quiero en tu cuna.

Sálvame diosa de no tenerte coronada.
Por tu fuerza ando tan loco y errante, que
resucitador me quisiera de tu hijo de Alicante,
y eternos labios me sueño
del Federico de Granada.


02-05-1992

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