El noveno de diciembre
te sacudieron los truenos
y te mecieron mil caricias.
El mundo seguía mundo.
Las lluvias ni amainaron
cuando tu nacías a Mireya.
Estalló mi corazón de golpe
ante un cruce de ojos,
y un grito de madre-niña.
¡Cómo mudo era todo!
Y mi amor agitaba las alas
cuando tu nacías a Mireya.
Tu sonreías, tan poderosa,
masticando vida en tus poros
con nuestras manos en piña.
Yo apretaba por ti los dientes,
y por ti también moriría
Cuando tu nacías a Mireya.
Trepo de largo tus labios
cada vez que me recuerdo
que eres tú la vida mía.
Y el noveno de diciembre
las lluvias ni amainaron
cuando tu nacías a Mireya.
Toufik Diouri ............. Copyright ©
12/12/1996
miércoles, 19 de marzo de 2008
Aida con diez años.
Aida es
musgo caliente
anclado en la piedra;
el beso que no toca
y que abrasa las entrañas;
el ojo de la ternura
viajando la distancia.
Aida es
el cielo seco
formador de tormentas;
la apariencia tímida
de lo mejor de la vida;
un corazón pintado
de azules, verdes y lilas.
Aida es
el pino ocre
que enmarca mi risa;
el esmalte de la uña
que señala mis caminos;
el fuego que supone ser
sencillamente mi hija.
Aida va
derechita a los montes
a buscar hinojos,
romeros y margaritas,
para premiar de olores
la asalmonada piel
de sus tantas muñecas.
Aida busca,
en el cielo, y sonríe,
yo no sé qué cosa;
paloma parda
de ala ancha;
motor ardiente
de perfumes y brisas.
Aida es
mi brazo más ancho
trabajando la piedra;
el pie que me avanza
directo a las colinas;
el espejo en que veo
el paso veloz de mis días.
Toufik Diouri .............. Copyright ©
10-09-2001
musgo caliente
anclado en la piedra;
el beso que no toca
y que abrasa las entrañas;
el ojo de la ternura
viajando la distancia.
Aida es
el cielo seco
formador de tormentas;
la apariencia tímida
de lo mejor de la vida;
un corazón pintado
de azules, verdes y lilas.
Aida es
el pino ocre
que enmarca mi risa;
el esmalte de la uña
que señala mis caminos;
el fuego que supone ser
sencillamente mi hija.
Aida va
derechita a los montes
a buscar hinojos,
romeros y margaritas,
para premiar de olores
la asalmonada piel
de sus tantas muñecas.
Aida busca,
en el cielo, y sonríe,
yo no sé qué cosa;
paloma parda
de ala ancha;
motor ardiente
de perfumes y brisas.
Aida es
mi brazo más ancho
trabajando la piedra;
el pie que me avanza
directo a las colinas;
el espejo en que veo
el paso veloz de mis días.
Toufik Diouri .............. Copyright ©
10-09-2001
lunes, 17 de marzo de 2008
Desde mi estatura de payaso
Desde mi estatura de payaso
le grité al silencio cabreado:
"-¡Cuida a mi amor, del cielo oscuro y raso!
-Cuidaré de tu amor -contestó-,
pero éstas cuatro paredes de cal
azotarán tu madrugada
con el eco de sus suaves abrazos."
Desde mi estatura de payaso
le grité a la soledad cabreado:
"-¡No quiero dormir! ¿he de pensar acaso?
-El pensamiento -me dijo-
no es sino mar acabado
en débil y frustrada orilla,
que impotente orienta su enfado
hacia las gaviotas que andan de paso."
Desde mi estatura de payaso
le grité al amor cabreado:
"-¡No quiero pensar! ¿he de sentir acaso?
-¡Ay del sentimiento aplastado
por la inmunidad del silencio,
pues temprano acabarán atados
sus nidos a las ramas del fracaso."
Desde mi estatura de payaso
grité al vacío cabreado:
"-¡Silencios y soledades,
creadores de lo falso!
Maldecís éste mi lecho
con el lodo hecho pasto
de su ausencia, negra de pecho,
y moradora de mis recuerdos
y lazos.
14-11-1985
le grité al silencio cabreado:
"-¡Cuida a mi amor, del cielo oscuro y raso!
-Cuidaré de tu amor -contestó-,
pero éstas cuatro paredes de cal
azotarán tu madrugada
con el eco de sus suaves abrazos."
Desde mi estatura de payaso
le grité a la soledad cabreado:
"-¡No quiero dormir! ¿he de pensar acaso?
-El pensamiento -me dijo-
no es sino mar acabado
en débil y frustrada orilla,
que impotente orienta su enfado
hacia las gaviotas que andan de paso."
Desde mi estatura de payaso
le grité al amor cabreado:
"-¡No quiero pensar! ¿he de sentir acaso?
-¡Ay del sentimiento aplastado
por la inmunidad del silencio,
pues temprano acabarán atados
sus nidos a las ramas del fracaso."
Desde mi estatura de payaso
grité al vacío cabreado:
"-¡Silencios y soledades,
creadores de lo falso!
Maldecís éste mi lecho
con el lodo hecho pasto
de su ausencia, negra de pecho,
y moradora de mis recuerdos
y lazos.
14-11-1985
domingo, 16 de marzo de 2008
Te vas libre (morir con dignidad)
Fuera de ti eres libre.
Fuera de ti eres bella.
Con la sonrisa serena,
en labios ya arrugados,
te alejas limpia sin mí
llevándote mi corazón
envuelto en un hatillo.
Y te vas sin despedirte
como en ti es costumbre,
levitando por mi memoria
como una nube de rocío
recientemente formada.
Fuiste la sal de mis mares,
el columpio de mis sueños,
la humedad de mi flora,
hasta que la vil guadaña,
brusca hija de la puta
clavó frío en tus venas,
y pánico en las mías.
Te vas libre, y tan bella,
por la senda luminosa,
de mi mano enganchada,
de mi alma desprendida.
08/02/2008
Fuera de ti eres bella.
Con la sonrisa serena,
en labios ya arrugados,
te alejas limpia sin mí
llevándote mi corazón
envuelto en un hatillo.
Y te vas sin despedirte
como en ti es costumbre,
levitando por mi memoria
como una nube de rocío
recientemente formada.
Fuiste la sal de mis mares,
el columpio de mis sueños,
la humedad de mi flora,
hasta que la vil guadaña,
brusca hija de la puta
clavó frío en tus venas,
y pánico en las mías.
Te vas libre, y tan bella,
por la senda luminosa,
de mi mano enganchada,
de mi alma desprendida.
08/02/2008
miércoles, 12 de marzo de 2008
Mi nombre
Mi nombre surgió en las olas
tras la muerte de otro nombre.
Se fraguó entre luces grises
y se armó en blancas tinieblas.
Mi nombre es corcho verde,
almohadilla bajo las fresas.
Vagando recorre los surcos
que a su paso borra la pobreza.
Hoy lo sentí entre tumbas,
tan arropado como perdido,
y al sentir su negro cansancio,
entendí que ya le sonó la hora.
Mi nombre esta ya deshecho
y yo en calma serena sueño
con otro nombre de las olas.
12-01-2008
tras la muerte de otro nombre.
Se fraguó entre luces grises
y se armó en blancas tinieblas.
Mi nombre es corcho verde,
almohadilla bajo las fresas.
Vagando recorre los surcos
que a su paso borra la pobreza.
Hoy lo sentí entre tumbas,
tan arropado como perdido,
y al sentir su negro cansancio,
entendí que ya le sonó la hora.
Mi nombre esta ya deshecho
y yo en calma serena sueño
con otro nombre de las olas.
12-01-2008
martes, 11 de marzo de 2008
Las canas de mi padre
Madre,
¿Qué le ocurre a esa rosa?
"-Marchita anda, hijo mío,
por querer luz de luna
en vez de sol.
Acércate a ella, hijo,
y explícaselo".
Madre,
¿Qué le ocurre a ese clavel?
"-Luchó contra barros, lluvias,
y noches vidriadas;
pero nunca pudo
con el color de tu mirada.
Corre hijo, y sálvalo
de aquella tierra tan cansada".
Lo siento madre,
que tengo prisas.
Mi mujer me espera;
al trabajo llego tarde,
y hasta el perro,
que anda en cadenas,
me trae agobiado de su parte.
"-Entonces ve hijo,
que ya veo que andas tarde.
A fin de cuentas,
esas flores no son más
que las últimas canas
de tu padre".
¿Qué le ocurre a esa rosa?
"-Marchita anda, hijo mío,
por querer luz de luna
en vez de sol.
Acércate a ella, hijo,
y explícaselo".
Madre,
¿Qué le ocurre a ese clavel?
"-Luchó contra barros, lluvias,
y noches vidriadas;
pero nunca pudo
con el color de tu mirada.
Corre hijo, y sálvalo
de aquella tierra tan cansada".
Lo siento madre,
que tengo prisas.
Mi mujer me espera;
al trabajo llego tarde,
y hasta el perro,
que anda en cadenas,
me trae agobiado de su parte.
"-Entonces ve hijo,
que ya veo que andas tarde.
A fin de cuentas,
esas flores no son más
que las últimas canas
de tu padre".
14-02-1983
La poesía
A Miguel Hernandez y Federico garcía Lorca
¡Ay de mí, que a la poesía no entiendo!
Quizás manceba sea, de corazones abrumados;
quizás hospicio sea de plebeyos inadaptados;
pero siempre elegíacas lluvias
de los ojos cayendo.
Rosas plegadas entre nubes marchitas,
despliegan sus pétalos de estrella en luna,
y encienden mi luz,... avivan mi pluma,
¿Pero quien eres tu, que a mi corazón
tanto excitas?
Hoy rezo a tu palabra cabalgadora
de raíces tardías y brotes mezquinos;
de goteras caídas en descalzados caminos.
Palabra que a ojos canta, pero
que a sangre llora.
Entre el amor y el dolor se formó tu ateneo:
antes tálamo de sus colores, hoy frágil y medroso,
por sus frustrados volares sobre tanto foso...
¡Ay de mí por no ver lo que
por mis ojos no veo!
Libre tu alfombra de cual limpio linaje,
vuela, y vuela sola, sobre sombras y grises.
Cruz de los puñales en esqueje,
y las tormentas de sí felices...
¡Tú y el viento,
llevadme en vuestro eterno viaje!
¡Ay de mí que poesía no conozco!
Quizas fuego sea, que a mi lecho aprieta,
y abrasa dulce sus diagonales y rectas.
Quizás mundo sea, luz,
ó de todo un poco.
Pero a buen seguro, una noche llegarás (latente)
Y con tu perfume cantor, esquivando veleidades,
arribarás a mi puerto sucio de lunares.
¡Primada veladura,
correctora de los vivientes!
Entonces serás tú mi celeste bandera.
Te ondearé alta, de mi palabra izada,
y dotaré a las estrellas de nubes grises y rizadas,
cada vez que el llanto asome,
o anuncie era.
Aún soy grano perdido, lejos de tu duna.
Vientos espero que aviven mi lento viaje
hacia tu florido pecho, tu vibrátil paraje.
Lejos del mar,
mecerme quiero en tu cuna.
Sálvame diosa de no tenerte coronada.
Por tu fuerza ando tan loco y errante, que
resucitador me quisiera de tu hijo de Alicante,
y eternos labios me sueño
del Federico de Granada.
02-05-1992
¡Ay de mí, que a la poesía no entiendo!
Quizás manceba sea, de corazones abrumados;
quizás hospicio sea de plebeyos inadaptados;
pero siempre elegíacas lluvias
de los ojos cayendo.
Rosas plegadas entre nubes marchitas,
despliegan sus pétalos de estrella en luna,
y encienden mi luz,... avivan mi pluma,
¿Pero quien eres tu, que a mi corazón
tanto excitas?
Hoy rezo a tu palabra cabalgadora
de raíces tardías y brotes mezquinos;
de goteras caídas en descalzados caminos.
Palabra que a ojos canta, pero
que a sangre llora.
Entre el amor y el dolor se formó tu ateneo:
antes tálamo de sus colores, hoy frágil y medroso,
por sus frustrados volares sobre tanto foso...
¡Ay de mí por no ver lo que
por mis ojos no veo!
Libre tu alfombra de cual limpio linaje,
vuela, y vuela sola, sobre sombras y grises.
Cruz de los puñales en esqueje,
y las tormentas de sí felices...
¡Tú y el viento,
llevadme en vuestro eterno viaje!
¡Ay de mí que poesía no conozco!
Quizas fuego sea, que a mi lecho aprieta,
y abrasa dulce sus diagonales y rectas.
Quizás mundo sea, luz,
ó de todo un poco.
Pero a buen seguro, una noche llegarás (latente)
Y con tu perfume cantor, esquivando veleidades,
arribarás a mi puerto sucio de lunares.
¡Primada veladura,
correctora de los vivientes!
Entonces serás tú mi celeste bandera.
Te ondearé alta, de mi palabra izada,
y dotaré a las estrellas de nubes grises y rizadas,
cada vez que el llanto asome,
o anuncie era.
Aún soy grano perdido, lejos de tu duna.
Vientos espero que aviven mi lento viaje
hacia tu florido pecho, tu vibrátil paraje.
Lejos del mar,
mecerme quiero en tu cuna.
Sálvame diosa de no tenerte coronada.
Por tu fuerza ando tan loco y errante, que
resucitador me quisiera de tu hijo de Alicante,
y eternos labios me sueño
del Federico de Granada.
02-05-1992
Duele la madera
Duele la rizada y noble madera.
Muertos los caminos en oscuros nudos,
caminos de los años, vigilantes y sabios,
al cielo crecida donde todo se ve.
Duele la rizada y noble madera.
Base en que duermen limpios los sueños,
aroma que a nadie olvida ni perdona,
el canallesco desprecio a la vida.
Duele y me duele ésta noble madera.
Antifaz de los primitivos pueblos,
arranque de las antiguas ciencias,
supiste siempre de nuestra condena.
Duele la rizada y noble madera.
La que sirve de nicho a la más larga vida,
la que moldea las sendas perdidas,
de pino, haya, roble,... al fin y al cabo madera.
Muertos los caminos en oscuros nudos,
caminos de los años, vigilantes y sabios,
al cielo crecida donde todo se ve.
Duele la rizada y noble madera.
Base en que duermen limpios los sueños,
aroma que a nadie olvida ni perdona,
el canallesco desprecio a la vida.
Duele y me duele ésta noble madera.
Antifaz de los primitivos pueblos,
arranque de las antiguas ciencias,
supiste siempre de nuestra condena.
Duele la rizada y noble madera.
La que sirve de nicho a la más larga vida,
la que moldea las sendas perdidas,
de pino, haya, roble,... al fin y al cabo madera.
22-06-1998
Tu no eres en éste día
Tu no eres en éste día
más joven ni más dura.
Si los años nos cuentan la vida,
tu piel me sabe a jazmines, y
a trozo de tierra perfumada.
Si los años nos restan alegrías,
tus ojos me velan
en el ocaso de los días.
Si los años, ay los años,
caben enteros en nosotros,
será que tu corazón en el mío
asienta largas anchuras
para alojar a tantas lunas.
Yo te amo como aroma
que se divierte bajo mi piel.
Yo te amo como primavera
que aflora en tus ojos
las gotas de la vida.
Tu no eres mi vida en éste día
ni joven ni madura,
sino el alma de mis costillas
que firmes desfilan
a la orden de tu sonrisa.
más joven ni más dura.
Si los años nos cuentan la vida,
tu piel me sabe a jazmines, y
a trozo de tierra perfumada.
Si los años nos restan alegrías,
tus ojos me velan
en el ocaso de los días.
Si los años, ay los años,
caben enteros en nosotros,
será que tu corazón en el mío
asienta largas anchuras
para alojar a tantas lunas.
Yo te amo como aroma
que se divierte bajo mi piel.
Yo te amo como primavera
que aflora en tus ojos
las gotas de la vida.
Tu no eres mi vida en éste día
ni joven ni madura,
sino el alma de mis costillas
que firmes desfilan
a la orden de tu sonrisa.
19-06-2004
miércoles, 5 de marzo de 2008
¡Corre toro, corre!
¡Corre toro, corre!
¡Hacia el monte, toro, corre!
Que el albero rojo de tarde
te arrancará toda la suerte.
¡Corre toro, corre!
Que un rayo de acero fuerte
abrirá en tu pecho de sangre
un sendero hacia la muerte.
Corre, que tus huellas de galope
con goma parda borrare,
y a ese acero doblegare
con sudor frío de mi frente.
Que si mueres seas sólo,
tu estampa caída y el monte.
Ni los buitres sepan entonces
de donde surgió esa fuente.
¡Ay, verde, negro, y verde!
Negra de brillo tu estampa;
verde el camino sin camino,...
y tras de ti, la verde muerte.
30-10-1987
¡Hacia el monte, toro, corre!
Que el albero rojo de tarde
te arrancará toda la suerte.
¡Corre toro, corre!
Que un rayo de acero fuerte
abrirá en tu pecho de sangre
un sendero hacia la muerte.
Corre, que tus huellas de galope
con goma parda borrare,
y a ese acero doblegare
con sudor frío de mi frente.
Que si mueres seas sólo,
tu estampa caída y el monte.
Ni los buitres sepan entonces
de donde surgió esa fuente.
¡Ay, verde, negro, y verde!
Negra de brillo tu estampa;
verde el camino sin camino,...
y tras de ti, la verde muerte.
30-10-1987
La piel
La piel de éste lobo,
blanquecina por los años,
se tornará en su día
alfombra para gallos.
Pero yo quiero antes
nombrar a mis almendros
caballeros de tu corte,
dibujando los senderos.
Quiero antes también
plantar en tus labios
el musgo de mi lengua
desafilada por los tientos.
Quiero antes, sí,
amarrarte a mi cola
de seda esponjada,
cual bandera de mi alba.
Antes quiero (y te quiero)
del jardín de tus entrañas
llevarme los jazmines,
los lirios y las esmeraldas.
Que la piel de éste lobo,
blanquecina por los años,
alfombra para los gallos
se tornará sin remedio.
15-04-2002
blanquecina por los años,
se tornará en su día
alfombra para gallos.
Pero yo quiero antes
nombrar a mis almendros
caballeros de tu corte,
dibujando los senderos.
Quiero antes también
plantar en tus labios
el musgo de mi lengua
desafilada por los tientos.
Quiero antes, sí,
amarrarte a mi cola
de seda esponjada,
cual bandera de mi alba.
Antes quiero (y te quiero)
del jardín de tus entrañas
llevarme los jazmines,
los lirios y las esmeraldas.
Que la piel de éste lobo,
blanquecina por los años,
alfombra para los gallos
se tornará sin remedio.
15-04-2002
Tus ojos.
¿Qué lleva el río, niña, por los arroyos?
¿Qué perfume estanca por tus frutales?
La hierba fresca de tus ojos melosos
arde el agua de mis lagrimales.
¿Adónde van, niña, los gorriones?
¿Porqué cantan al verte entre pañales?
La hierba fresca de tus ojos sedosos
arde el agua de mis lagrimales.
¿Porqué muero, niña, al tocarte?
¿Cómo surgieron en ti los corales?
La hierba fresca de tus ojos preciosos
arde el agua de mis lagrimales.
¿Qué perfume estanca por tus frutales?
La hierba fresca de tus ojos melosos
arde el agua de mis lagrimales.
¿Adónde van, niña, los gorriones?
¿Porqué cantan al verte entre pañales?
La hierba fresca de tus ojos sedosos
arde el agua de mis lagrimales.
¿Porqué muero, niña, al tocarte?
¿Cómo surgieron en ti los corales?
La hierba fresca de tus ojos preciosos
arde el agua de mis lagrimales.
16-03-2005
El cabo Montalbo
El sol no apareció en varias semanas,
y los truenos se confundían con balas.
El paisaje de lluvias, sangre, y barro,
de los compañeros tan mutilados,
a los ojos del cabo Montalbo
no eran mas que las negras huellas
de un camino rocoso y obligado.
Una aritmética de largo sencilla
le oxigenaba el corto fusil, y la daga,
aunque el fusil, extraño, no le servía:
¡Matar a uno es salvar la vida!
¡Matar a uno es salvar mi vida!
Los compañeros no comprendían
la fiereza de su cabo Montalbo.
No era valentía, no era maestría.
La patria no le importaba una pizca,
Y Dios tampoco era su guía,...
¿Qué podía ser aquello que hacía
que la daga del cabo Montalbo
fuera por la sangre tan temida?
Al llegar la noche negra y fría,
todos dormían, y el cabo de vigía
se quedaba buscando entre estrellas
la boca de un ángel, y no dormía.
Era ese momento en que sonreía
el momento de su verdadero día.
Un diez de agosto nació su hija,
y un diez de agosto una bala abría,
certera en su pecho de mamas,
el camino llano hacia un mejor día.
El cabo Montalbo yacía muerto
Con los compañeros en mirada fría.
Y todos mudos se quedaron cuando
descubrieron el secreto de su cabo.
El fusil no le servía, y sólo la daga,
pues las cartucheras no tenían balas,
sino papeles escritos y arrugados
que hablaban de no sé qué elegía.
¡Maldita lucha por la vida,
Y es que era poeta el condenado!
12-03-2002
y los truenos se confundían con balas.
El paisaje de lluvias, sangre, y barro,
de los compañeros tan mutilados,
a los ojos del cabo Montalbo
no eran mas que las negras huellas
de un camino rocoso y obligado.
Una aritmética de largo sencilla
le oxigenaba el corto fusil, y la daga,
aunque el fusil, extraño, no le servía:
¡Matar a uno es salvar la vida!
¡Matar a uno es salvar mi vida!
Los compañeros no comprendían
la fiereza de su cabo Montalbo.
No era valentía, no era maestría.
La patria no le importaba una pizca,
Y Dios tampoco era su guía,...
¿Qué podía ser aquello que hacía
que la daga del cabo Montalbo
fuera por la sangre tan temida?
Al llegar la noche negra y fría,
todos dormían, y el cabo de vigía
se quedaba buscando entre estrellas
la boca de un ángel, y no dormía.
Era ese momento en que sonreía
el momento de su verdadero día.
Un diez de agosto nació su hija,
y un diez de agosto una bala abría,
certera en su pecho de mamas,
el camino llano hacia un mejor día.
El cabo Montalbo yacía muerto
Con los compañeros en mirada fría.
Y todos mudos se quedaron cuando
descubrieron el secreto de su cabo.
El fusil no le servía, y sólo la daga,
pues las cartucheras no tenían balas,
sino papeles escritos y arrugados
que hablaban de no sé qué elegía.
¡Maldita lucha por la vida,
Y es que era poeta el condenado!
12-03-2002
No te alejes tanto
Me tengo el corazón agotado
de buscarte aquí a mi lado
y no encontrar sino sombras
de tu ocre sabana de besos.
Llegó la hora del olvido,
de la estampida de los cuervos,
que un día anidaron gozosos
en mi duro vientre ahuecado.
Tengo que decírtelo sin miedo:
te quiero, y sudo al decirlo,
que decirlo me desnuda las manos
y las manos te añoran el tacto.
No puedo mirar al cielo,
que tu estampa tengo en lo alto,
y el mar, que vive ahí abajo
se apresura a ocultar tu rastro.
Es la hora de los tientos,
y yo ando solo con mi llanto.
¡Amor mío, que estás tan lejos!
¡Amor mío, no te alejes tanto!
10-01-2001
de buscarte aquí a mi lado
y no encontrar sino sombras
de tu ocre sabana de besos.
Llegó la hora del olvido,
de la estampida de los cuervos,
que un día anidaron gozosos
en mi duro vientre ahuecado.
Tengo que decírtelo sin miedo:
te quiero, y sudo al decirlo,
que decirlo me desnuda las manos
y las manos te añoran el tacto.
No puedo mirar al cielo,
que tu estampa tengo en lo alto,
y el mar, que vive ahí abajo
se apresura a ocultar tu rastro.
Es la hora de los tientos,
y yo ando solo con mi llanto.
¡Amor mío, que estás tan lejos!
¡Amor mío, no te alejes tanto!
10-01-2001
La esencia añorada
Toufik Diouri.
Ese es mi nombre, mi sello,
la alfombra en que vuelo
sin vientos y sin credos,
sobre caminos en duelo
por la agonía de un deseo.
Nacer ó morir,
para después nacer.
Mortal y breve cadena
de los destinos oscuros.
No. Yo vivo el centro.
Ambiciono la esencia.
Mi sueño es una risa
reflejada en los techos,
curvos y toscos,
que flaquean en timidez.
Mi palabra se sostiene
en la verdura de la yedra
que pronta corona
la altura de mis venas.
Y mis ojos, mis ojos,
hermanados al alba,
refugian su brillo
en una estrella rosada,
y confían al horizonte
la esencia añorada.
"-¡Carguen!"
Sí, miradme bien;
soy Toufik Diouri,
voz revuelta en un infierno azulado,
fiel espejo del amor vital.
Aveces me siento
nube clara y diocesana
sobrevolando mares rizadas;
A veces roble anclado
en un sueño brumoso y lejano.
Pero cuando mi guitarra
adopte su vuelo,
tan sólo ansiare
la soberanía de mi tiempo.
Todo en mí está por llegar,
...por venir.
Mi piel ya no está deshabitada.
Ya no existe el silencio.
Mil caballos brillantes como el mar,
ataré a mis dedos de carne serrana
para que su trote imperial
extienda mis manos sobre lo humano,
todo lo mundano y lo trivial.
"-¡Apunten!"
No llores por mí, mi amor.
Cuando mi sangre dibuje en la arena
la sombra de los vientos,
no corras tú, y mírame a los ojos,
que con los tuyos formarán
esa veleta que tanto añoramos.
El silencio ya no existe
porque lo retengo en mis manos
apiñadas,
En mis dientes apretados.
De nada os servirá taparme los ojos;
tendréis que tapar mi alma entera,
tendida, de donde surge la blancura
de éste almendro en flor
crecido entre mis dedos.
La blancura que os desafía;
ésta blancura mía...
Y tú, amor mío,
cuando sientas en tu pecho,
blanco y lozano,
anidar un indicio de razón,
ofrécele siquiera
un color de tu paleta,
dulce y pequeña madera.
No dejes que éste fuego
inquiete su bravura,
izadora de mi bandera,
cicatriz de mi herida...
Pero no me llores, cielo,
que esto es la vida.
"¡Fuego!"
01-08-1990
Ese es mi nombre, mi sello,
la alfombra en que vuelo
sin vientos y sin credos,
sobre caminos en duelo
por la agonía de un deseo.
Nacer ó morir,
para después nacer.
Mortal y breve cadena
de los destinos oscuros.
No. Yo vivo el centro.
Ambiciono la esencia.
Mi sueño es una risa
reflejada en los techos,
curvos y toscos,
que flaquean en timidez.
Mi palabra se sostiene
en la verdura de la yedra
que pronta corona
la altura de mis venas.
Y mis ojos, mis ojos,
hermanados al alba,
refugian su brillo
en una estrella rosada,
y confían al horizonte
la esencia añorada.
"-¡Carguen!"
Sí, miradme bien;
soy Toufik Diouri,
voz revuelta en un infierno azulado,
fiel espejo del amor vital.
Aveces me siento
nube clara y diocesana
sobrevolando mares rizadas;
A veces roble anclado
en un sueño brumoso y lejano.
Pero cuando mi guitarra
adopte su vuelo,
tan sólo ansiare
la soberanía de mi tiempo.
Todo en mí está por llegar,
...por venir.
Mi piel ya no está deshabitada.
Ya no existe el silencio.
Mil caballos brillantes como el mar,
ataré a mis dedos de carne serrana
para que su trote imperial
extienda mis manos sobre lo humano,
todo lo mundano y lo trivial.
"-¡Apunten!"
No llores por mí, mi amor.
Cuando mi sangre dibuje en la arena
la sombra de los vientos,
no corras tú, y mírame a los ojos,
que con los tuyos formarán
esa veleta que tanto añoramos.
El silencio ya no existe
porque lo retengo en mis manos
apiñadas,
En mis dientes apretados.
De nada os servirá taparme los ojos;
tendréis que tapar mi alma entera,
tendida, de donde surge la blancura
de éste almendro en flor
crecido entre mis dedos.
La blancura que os desafía;
ésta blancura mía...
Y tú, amor mío,
cuando sientas en tu pecho,
blanco y lozano,
anidar un indicio de razón,
ofrécele siquiera
un color de tu paleta,
dulce y pequeña madera.
No dejes que éste fuego
inquiete su bravura,
izadora de mi bandera,
cicatriz de mi herida...
Pero no me llores, cielo,
que esto es la vida.
"¡Fuego!"
01-08-1990
Tus ojos, compañero.
Quédate tú si quieres,
pero tus ojos de blanco invierno,
tus ojos me los llevo conmigo.
Para estamparlos abiertos
contra la espesura sangrante
de un corazón amigo.
Llorando pestaña tras pestaña,
la libertad de su vuelo,
que gota a gota me indicará
mis rumbos y mis caminos,
me los llevo conmigo.
Quédate, que ahí te pudras;
ellos tienen las alas crecidas,
y yo el ansia ciega de pecar.
Quédate con tus carnes, con tus huesos,
pero tus ojos, ¡ay, esos, ...!
Esos me los llevo conmigo.
No temas por ellos compañero,
que te escribiré desde el infierno.
Allí me los llevo a desafiar al fuego;
al dolor oscuro de mi amor certero.
Pero cuando a ti vuelvan,
vencedores,
añorando su hueco,
y lagrimando su último vuelo,
no les preguntes por mí,
que andaré ya ciego, ó muerto
pero tus ojos de blanco invierno,
tus ojos me los llevo conmigo.
Para estamparlos abiertos
contra la espesura sangrante
de un corazón amigo.
Llorando pestaña tras pestaña,
la libertad de su vuelo,
que gota a gota me indicará
mis rumbos y mis caminos,
me los llevo conmigo.
Quédate, que ahí te pudras;
ellos tienen las alas crecidas,
y yo el ansia ciega de pecar.
Quédate con tus carnes, con tus huesos,
pero tus ojos, ¡ay, esos, ...!
Esos me los llevo conmigo.
No temas por ellos compañero,
que te escribiré desde el infierno.
Allí me los llevo a desafiar al fuego;
al dolor oscuro de mi amor certero.
Pero cuando a ti vuelvan,
vencedores,
añorando su hueco,
y lagrimando su último vuelo,
no les preguntes por mí,
que andaré ya ciego, ó muerto
Mis dudas (A los ideales muertos)
Cuéntame, ciprés hermoso,
¿cómo llegaste tan alto,
sin moverte apenas;
sin dar nada a cambio?
Pues yo que navego el hombre
tan de lado a lado,
que derrocho ojos, corazón y manos,
por dar sombra al sentir ignorado,
estoy en cambio enterrado
cada vez mas en el fango.
No contestó.
Y tú, verde niebla
que goza la húmeda tierra.
Césped, hierba,
manta de sus poros crecida.
¿Cómo consigues a la tormenta
ofrecer tan libre calma?
Pues yo, que grito sudando
dolores, miserias y llantos,
que de éste mundo celeste
quiero ser fiel canto,
me escondo en cambio, y tan raudo,
ante la inclemencia de los vientos,
los rayos, y éstas lluvias
que me hieren como dardos.
No contestó.
Háblame tú entonces,
llanura de lo verde y lo azul,
¡oh, mar! equilibrio aplastante.
¿Cómo consigues tú, tan sólo,
tanta frescura, tanta hondura,
y a la vez, sin embargo, renovarte?
¿Cómo consigues, dime, tan sólo,
que tanto se te ame?
Pues yo que ansío tu llanura,
tu color y hondura,
que busco casi imitarte,
sospecho en cambio que muero
enraizado a las frías dunas
de ninguna parte.
No contestó.
¿cómo llegaste tan alto,
sin moverte apenas;
sin dar nada a cambio?
Pues yo que navego el hombre
tan de lado a lado,
que derrocho ojos, corazón y manos,
por dar sombra al sentir ignorado,
estoy en cambio enterrado
cada vez mas en el fango.
No contestó.
Y tú, verde niebla
que goza la húmeda tierra.
Césped, hierba,
manta de sus poros crecida.
¿Cómo consigues a la tormenta
ofrecer tan libre calma?
Pues yo, que grito sudando
dolores, miserias y llantos,
que de éste mundo celeste
quiero ser fiel canto,
me escondo en cambio, y tan raudo,
ante la inclemencia de los vientos,
los rayos, y éstas lluvias
que me hieren como dardos.
No contestó.
Háblame tú entonces,
llanura de lo verde y lo azul,
¡oh, mar! equilibrio aplastante.
¿Cómo consigues tú, tan sólo,
tanta frescura, tanta hondura,
y a la vez, sin embargo, renovarte?
¿Cómo consigues, dime, tan sólo,
que tanto se te ame?
Pues yo que ansío tu llanura,
tu color y hondura,
que busco casi imitarte,
sospecho en cambio que muero
enraizado a las frías dunas
de ninguna parte.
No contestó.
La ola blanca
Golpean constantes mi ocre arena
las blancas y rugientes olas.
largos caminos hacia la tierra,
al mando de vientos sin batuta,
que arriban sin desmayo para mi fiesta
hasta morir en brazos de la piedra.
Largas espumas en cadena
afloran en mi mente melancolía,
agua verde siempre viva,
con fuerza de mil diablos en ristra,
que envuelven en cambio con ternura
a las carnes calientes y enrojecidas.
¡Cuánto revuelo en los mares,
por alcanzar el destino cuanto antes!
nacer, y crecer hasta caer
a los pies de quien poco agradece
y sin embargo, nunca desfallecer
porque en ello está la suerte
de ser, sin ser, lo que se es:
una ola blanca hacia la muerte.
las blancas y rugientes olas.
largos caminos hacia la tierra,
al mando de vientos sin batuta,
que arriban sin desmayo para mi fiesta
hasta morir en brazos de la piedra.
Largas espumas en cadena
afloran en mi mente melancolía,
agua verde siempre viva,
con fuerza de mil diablos en ristra,
que envuelven en cambio con ternura
a las carnes calientes y enrojecidas.
¡Cuánto revuelo en los mares,
por alcanzar el destino cuanto antes!
nacer, y crecer hasta caer
a los pies de quien poco agradece
y sin embargo, nunca desfallecer
porque en ello está la suerte
de ser, sin ser, lo que se es:
una ola blanca hacia la muerte.
Erase que se era...
Era un castillo trivial,
confundido entre montes
y alejado de los mares.
De su altura, turbia y feudal
veíanse sol y horizontes
aunque escasos avenales.
Era del castillo un zorzal,
vagaroso de los rincones
y corto en sus volares.
Suponiase de talante cabal,
pues huía de los halcones
apagando sus cantares.
Era una isla en el mar,
ordinaria en la figura
y muy pobre en relieves.
De su arena, y cual altar,
surgía la estrecha cintura
de una palma alta y leve.
Era una gaviota en la palma,
de todos los cielos voladora,
y trepadora de mares azules.
Suponiase grande el alma,
pues de la isla era señora,
aunque no figurara en hules.
Era un día de poca calma,
de altos vientos y tempestad,
que azotaban montes y mares.
Tanto el castillo como la palma
vieron a sus dueños desertar
buscando sosegados lares.
Era de ese día un encuentro,
de la gaviota y el zorzal,
en algún lejano paraje.
“-¡De un castillo soy dueño!
-¡Y yo señora del mar!
(Bien que apreciaban su linaje).
Pero era que mirándose,
de los montes se olvidaron,
y del castillo,... también del mar.
Y los ojos casi besándose
en bajo vuelo descubrieron
al amor en plena soledad.
confundido entre montes
y alejado de los mares.
De su altura, turbia y feudal
veíanse sol y horizontes
aunque escasos avenales.
Era del castillo un zorzal,
vagaroso de los rincones
y corto en sus volares.
Suponiase de talante cabal,
pues huía de los halcones
apagando sus cantares.
Era una isla en el mar,
ordinaria en la figura
y muy pobre en relieves.
De su arena, y cual altar,
surgía la estrecha cintura
de una palma alta y leve.
Era una gaviota en la palma,
de todos los cielos voladora,
y trepadora de mares azules.
Suponiase grande el alma,
pues de la isla era señora,
aunque no figurara en hules.
Era un día de poca calma,
de altos vientos y tempestad,
que azotaban montes y mares.
Tanto el castillo como la palma
vieron a sus dueños desertar
buscando sosegados lares.
Era de ese día un encuentro,
de la gaviota y el zorzal,
en algún lejano paraje.
“-¡De un castillo soy dueño!
-¡Y yo señora del mar!
(Bien que apreciaban su linaje).
Pero era que mirándose,
de los montes se olvidaron,
y del castillo,... también del mar.
Y los ojos casi besándose
en bajo vuelo descubrieron
al amor en plena soledad.
Tu desnudo en seda
Llora el viento de madrugada,
con voz de lobo de colina;
y yo, estremecido en mi cama
sueño con tu desnudo en seda,
al que canto con voz pequeña.
¡Ay, poder de la seda maldita,
que esbozas sobre mi pecho
veladuras ciegas de veneno,
que contra mi celo empobrecido
estrellan su luz de blanca luna!
"-¡Que cesen los aullidos aquellos!
¡Que aclare la luna tu sombra!"
Te grito con viento del alba,
pero con voz pequeña, inmadura,
pues tu seda es firme coraza.
Quiero verte en mis brazos,
o si acaso tenerte dibujada
en lo blanco de mis ojos,
tan enrojecidos por la rabia
de ésta lágrima que aún...
no resbala.
con voz de lobo de colina;
y yo, estremecido en mi cama
sueño con tu desnudo en seda,
al que canto con voz pequeña.
¡Ay, poder de la seda maldita,
que esbozas sobre mi pecho
veladuras ciegas de veneno,
que contra mi celo empobrecido
estrellan su luz de blanca luna!
"-¡Que cesen los aullidos aquellos!
¡Que aclare la luna tu sombra!"
Te grito con viento del alba,
pero con voz pequeña, inmadura,
pues tu seda es firme coraza.
Quiero verte en mis brazos,
o si acaso tenerte dibujada
en lo blanco de mis ojos,
tan enrojecidos por la rabia
de ésta lágrima que aún...
no resbala.
Y tú sin saberlo.
Mírate;
tan alta vas
sobre la dura arena,
la arena dura
de mi mano urbana,
que tus huellas no cuentan,
tan sólo tu mirada
que de parto anda
tras tu alma lozana...
Y tú sin saberlo.
Mírate mi vida,
en tu risa envuelta.
¡Cuanta elegancia
en tu estampa morena!
Pequeña figura
de humo y seda,
que navega y navega
día tras día,
por mis tantos ríos,
verdes, lilas, ...
Y tu sin saberlo.
¿Pero qué importa?
Mírate.
Andas siempre tan bonita,
que no puedo
sino seguirte, tan loco,
aunque mi alma rota
caiga y recaiga
de donde tú
tan dulce flotas...
Y tu, mi amor, sin saberlo.
tan alta vas
sobre la dura arena,
la arena dura
de mi mano urbana,
que tus huellas no cuentan,
tan sólo tu mirada
que de parto anda
tras tu alma lozana...
Y tú sin saberlo.
Mírate mi vida,
en tu risa envuelta.
¡Cuanta elegancia
en tu estampa morena!
Pequeña figura
de humo y seda,
que navega y navega
día tras día,
por mis tantos ríos,
verdes, lilas, ...
Y tu sin saberlo.
¿Pero qué importa?
Mírate.
Andas siempre tan bonita,
que no puedo
sino seguirte, tan loco,
aunque mi alma rota
caiga y recaiga
de donde tú
tan dulce flotas...
Y tu, mi amor, sin saberlo.
¡Ven!
Ven, acércate.
No temas el color de éstas manos,
que se tornaron ocre tardío
de tanto soñarte,
...tanto.
Ven, fíjate
cómo salta la razón
ya desquiciada,
Entre mis rizos opresores,
sólo para cantarte
éste frágil soneto
que recorre ausente
mis labios.
Ven, mírame,
y júrame que te amo.
Júrame que no soy el ente que adivino
tras el hierro de la distancia,
ese alma marchita.
Ven, pero pronto, ven;
que quiero atar tu sombra
a las trenzas de mis ojos,
antes que la luz se despida
de nuestro entorno callado...
Te lo suplico, ¡ven!
No temas el color de éstas manos,
que se tornaron ocre tardío
de tanto soñarte,
...tanto.
Ven, fíjate
cómo salta la razón
ya desquiciada,
Entre mis rizos opresores,
sólo para cantarte
éste frágil soneto
que recorre ausente
mis labios.
Ven, mírame,
y júrame que te amo.
Júrame que no soy el ente que adivino
tras el hierro de la distancia,
ese alma marchita.
Ven, pero pronto, ven;
que quiero atar tu sombra
a las trenzas de mis ojos,
antes que la luz se despida
de nuestro entorno callado...
Te lo suplico, ¡ven!
Tu estrella
Entre tus ojos de cristal
y esas manos de tierna herida,
una estrella acabo de encontrar.
Anda eclipsada, casi sin vida,
por ésta distancia, como de muertos,
que la atormenta sin medida.
La observo caída sobre mi huerto,
mientras los niños gritan riendo
que soy un ciego entre los tuertos.
Pero ahí está, lo juro, gimiendo
la pena que abatida la aflige,
rasgando su luz con negros atuendos.
Una pena escarchada que la elige
por tener tú los ojos de cristal
y yo el corazón tozudo que me rige.
Voy a salvarla de esa caída mortal;
me lanzaré al vacío, sediento de amor,
que adivino en tu pecho, blanco metal.
Quiero retorcerme en tu suave olor,
bañarme en tus ojos, tus manos, tu estrella,
y desde ellos ascender la gama de color
que de ti hizo la llanura más bella.
y esas manos de tierna herida,
una estrella acabo de encontrar.
Anda eclipsada, casi sin vida,
por ésta distancia, como de muertos,
que la atormenta sin medida.
La observo caída sobre mi huerto,
mientras los niños gritan riendo
que soy un ciego entre los tuertos.
Pero ahí está, lo juro, gimiendo
la pena que abatida la aflige,
rasgando su luz con negros atuendos.
Una pena escarchada que la elige
por tener tú los ojos de cristal
y yo el corazón tozudo que me rige.
Voy a salvarla de esa caída mortal;
me lanzaré al vacío, sediento de amor,
que adivino en tu pecho, blanco metal.
Quiero retorcerme en tu suave olor,
bañarme en tus ojos, tus manos, tu estrella,
y desde ellos ascender la gama de color
que de ti hizo la llanura más bella.
Un beso.
Sólo un beso.
Un beso te daría
que brotara de mi carne.
Lento como el aire,
de plumas y crines suave.
Tus labios de caliente musgo,
sin llegar siquiera a rozarte.
Tu pecho esponjado a su paso,
tus manos enfrentadas al tiempo,
y a los guiños de un cielo cantante.
Te adivino inmaculada en mi aire,
y siento que por siempre te quiero.
Te beso, y no hay nada;
espuma de la tierra, quemada
por la veleta de tu ocre senda.
Un beso mi agua te daría,
donde nadie sepa que existe.
De arcilla reciente y verde,
lo cubro, y me duele en mi mente.
Un beso de lunas crecientes
acariciando tu lado mate.
Mis labios quemados me mueren
por no tenerte, tocarte, rozarte.
Un beso mi vida te daría,
antes que la noche cansada se espante.
Un beso te daría
que brotara de mi carne.
Lento como el aire,
de plumas y crines suave.
Tus labios de caliente musgo,
sin llegar siquiera a rozarte.
Tu pecho esponjado a su paso,
tus manos enfrentadas al tiempo,
y a los guiños de un cielo cantante.
Te adivino inmaculada en mi aire,
y siento que por siempre te quiero.
Te beso, y no hay nada;
espuma de la tierra, quemada
por la veleta de tu ocre senda.
Un beso mi agua te daría,
donde nadie sepa que existe.
De arcilla reciente y verde,
lo cubro, y me duele en mi mente.
Un beso de lunas crecientes
acariciando tu lado mate.
Mis labios quemados me mueren
por no tenerte, tocarte, rozarte.
Un beso mi vida te daría,
antes que la noche cansada se espante.
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