miércoles, 5 de marzo de 2008

Mis dudas (A los ideales muertos)

Cuéntame, ciprés hermoso,
¿cómo llegaste tan alto,
sin moverte apenas;
sin dar nada a cambio?
Pues yo que navego el hombre
tan de lado a lado,
que derrocho ojos, corazón y manos,
por dar sombra al sentir ignorado,
estoy en cambio enterrado
cada vez mas en el fango.

No contestó.

Y tú, verde niebla
que goza la húmeda tierra.
Césped, hierba,
manta de sus poros crecida.
¿Cómo consigues a la tormenta
ofrecer tan libre calma?
Pues yo, que grito sudando
dolores, miserias y llantos,
que de éste mundo celeste
quiero ser fiel canto,
me escondo en cambio, y tan raudo,
ante la inclemencia de los vientos,
los rayos, y éstas lluvias
que me hieren como dardos.

No contestó.

Háblame tú entonces,
llanura de lo verde y lo azul,
¡oh, mar! equilibrio aplastante.
¿Cómo consigues tú, tan sólo,
tanta frescura, tanta hondura,
y a la vez, sin embargo, renovarte?
¿Cómo consigues, dime, tan sólo,
que tanto se te ame?
Pues yo que ansío tu llanura,
tu color y hondura,
que busco casi imitarte,
sospecho en cambio que muero
enraizado a las frías dunas

de ninguna parte.

No contestó.

No hay comentarios: