Llora el viento de madrugada,
con voz de lobo de colina;
y yo, estremecido en mi cama
sueño con tu desnudo en seda,
al que canto con voz pequeña.
¡Ay, poder de la seda maldita,
que esbozas sobre mi pecho
veladuras ciegas de veneno,
que contra mi celo empobrecido
estrellan su luz de blanca luna!
"-¡Que cesen los aullidos aquellos!
¡Que aclare la luna tu sombra!"
Te grito con viento del alba,
pero con voz pequeña, inmadura,
pues tu seda es firme coraza.
Quiero verte en mis brazos,
o si acaso tenerte dibujada
en lo blanco de mis ojos,
tan enrojecidos por la rabia
de ésta lágrima que aún...
no resbala.
miércoles, 5 de marzo de 2008
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