miércoles, 5 de marzo de 2008

Tu estrella

Entre tus ojos de cristal
y esas manos de tierna herida,
una estrella acabo de encontrar.

Anda eclipsada, casi sin vida,
por ésta distancia, como de muertos,
que la atormenta sin medida.

La observo caída sobre mi huerto,
mientras los niños gritan riendo
que soy un ciego entre los tuertos.

Pero ahí está, lo juro, gimiendo
la pena que abatida la aflige,
rasgando su luz con negros atuendos.

Una pena escarchada que la elige
por tener tú los ojos de cristal
y yo el corazón tozudo que me rige.

Voy a salvarla de esa caída mortal;
me lanzaré al vacío, sediento de amor,
que adivino en tu pecho, blanco metal.

Quiero retorcerme en tu suave olor,
bañarme en tus ojos, tus manos, tu estrella,
y desde ellos ascender la gama de color
que de ti hizo la llanura más bella.

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